Los Pergaminos de la Creación.

Anterior a la fundación de ningún reino y proclamación de ningún soberano, la tierra todavía estaba caliente por el fuego que le dio forma. Es por eso que los ángeles permanecían siempre en los cielos, esperando que algún día se enfriase para descender. Solo los gigantes resistían el abrasador calor que emergía de las profundidades, pues su gruesa piel resistía cualquier adversidad.
Sin embargo, los ángeles aprendieron a vivir en los cielos y crearon su mundo en las nubes. Dieron vida a animales alados y crearon ciudades sin necesidad de materia prima. Los secretos de la creación fueron guardados en unos pergaminos que serian custodiados recelosamente por los ángeles más sabios.

Los gigantes comenzaron a verles con ojos envidiosos y codiciaron esos pergaminos. Con la ayuda de los ángeles, la tierra podría resultar un lugar apacible para los colosos, quienes vivían entre tormentas y tempestades eternamente. Sin embargo, los ángeles eran orgullosos y negaron ayuda alguna.

Los gigantes consiguieron robarles los secretos de la creación y estalló una guerra por los pergaminos.
Sin las escrituras de los ángeles, el cielo se desplomaba. La guerra se endureció contra los gigantes, quienes al soportar los duros ataques de sus enemigos vieron su piel tornarse tan rígida, hasta el punto de perder movilidad. Los gigantes se volvieron lentos pero casi invencibles, mientras que los ángeles comenzaban a perder sus alas y caían a la tierra candente.
A pesar de la gran fortaleza de los gigantes, estos no se sentían vencedores, pues cada vez su piel se tornaba más impenetrable y rígida. Debían abandonar esta guerra si querían sobrevivir.

Se hizo un pacto de paz con los ángeles y los gigantes devolvieron los pergaminos, pero era demasiado tarde: la crueldad de la guerra les había cambiado su propio ser. Pasaron cientos de años luchando por los pergaminos, tantos, que al recuperarlos habían olvidado el idioma con el que los escribieron, y no pudieron leer su propio mensaje.

Los pergaminos se acabaron perdiendo por el vasto mundo y nació el mundo tal y como se conoce.

Los ángeles que perdieron sus alas aprendieron a vivir en la tierra candente, ese es el origen del ser humano y es por ello que vestimos con calzado.

Los gigantes, por su parte, no pudieron evitar su fatal destino. Su piel se tornó rígida hasta hacerlos inmóvil, dando paso a las montañas.

Mientras que las alas que se desprendieron de los ángeles, se dicen que cobraron vida propia al estar en contacto con el alma, y que de ella nació una nueva vida alada que vivía en las montañas. Portando con ellas parte del orgullo de sus antecesores.


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